Something new everyday #8: la pescadería (polisinfónica) Alofer

Acabo de vivir una experiencia extra sensorial, en un pescadería. La pescadería Alofer de la calle Esgrima, 6 en Lavapies, a 1 minuto andando de casa. Sí: 1 minuto, y es la primera vez que voy en 1 año aquí, aún que ya me dijeron que es la mejor pescadería de Madrid y de las más baratas encima. Mejor tarde que nunca me imagino. Tambien hay que reconocer que aunque cada sabado paso delante en mi camino de vuelta de la compra, es siempre un sitio que reboza de gente, pero literalmente; la cola de gente siempre se extiende hacía fuera de la tienda hacia la calle. Esto añadido a que cocinar pescado es laborioso y sé que no lo hago casi nunca, entre otros por falta de horno en mi casa, pues me quedo en “hoy no”.

Pero hoy, sí. Hoy he entrado, y he vivido un momento que no me esperaba.

Uno de estos momento sencillos llenos de algún tipo de poesía visual y sensorial, muy comparable con un concierto, de virtuosis del pescado.

Entré y antes de ser atendido, pasaron 10 minutos, creo. No puedo decir. El tiempo se paró. No piensas en el tiempo cuando entras en el auditorio Alofer.  Cantan las voces de 4 tenores que en paralelo de manejar cuchillos grandes como harpas y pescados del tamaño de una pierna de jugador de baloncesto, van contando historias y mantienen atento y silencioso al cliente, al menos que ese quiera cantar tambien. Como en cualquier grupo de musica, cada miembro necesita al otro para poder tocar. El de la izquierda grita a su compañero, a 6 metros de él: “una merluza!”. Y el otro se ejecuta, lanzando como un jugador de baseball la merluza directamente en la mano del otro, es medio segundo, un instante, antes de volver a tocar su harpa metalica. Y te pasan 3 salmones por encima de la cabeza. Eso es porqué la única mujer del sitio de detrás las acaba de pedir. No la has oído. Estabas aún concentrado en el vuelo perfecto de la merluza. Pero él que tienes delante atendiendo sí la ha oído, y no fallo. Directo en la mano de la señora, antes de seguir con su canción.

Estas en primera fila, y de la misma manera que cuando muy cerca de un cantante te llegan pequeños escupes y te hace más gracia que darte asco, te llegan escamas. A un cantante no le dices nada, porqué es parte de su arte, y le agradeces que focalisé en darte su mejor voz. Las escamas no te molestan, porqué sabes que te estan esculpiendo un pescado perfectamente liso para que lo puedas disfrutar como se debe. Esto es lo que les importa: el trabajo bien hecho. Cómo enfadarse con tal profesional?

No hay cola ordenada de espera. Esto es un show, toda la gente esta girada en el mismo sentido, esperando a que uno de los cantante le miré y le dedicé parte de su día. Esperas a que seas el elegido, cuandó tú vas a pedir que te canten tu canción preferida. Y lo harán, y sólo te queda disfrutar mirando como la cantan.

Una mujer me paso delante. Iba con un niño pequeño. Me dijo que ella iba delante. Le expliqué con mi mejor sonrisa que no, pero que por favor pasé. No sé si por bondad por entender que con un niño tienes más prisas, o si es porqué quería ver qué canción iba a pedir y cómo se la iban a cantar.

Me dio tiempo de ver media docena de pescados diferentes ser preparados. Y no dudé en que saben lo que hacen. El corte para cada uno es diferente, pero lo dominan, no tiemblan, son los mejores alumnos de sus conservatorios y el solfeo se lo conocen.

Cuando acaban contigo, te llevas tu pescado, tal un CD de la canción tocada. Y esa canción sabes que cuando la escucharas a casa, vendra asociada con las imagenes del concierto, las sensaciones y ese momento único de la actuación en directo.

2 doradas preparadas en 1 minuto, 2 rodajes de salmon cortadas en un rodaje de segundo y 9 euros más tarde, ya le tocaba a otro pedir canción al artista. Lo mío se había acabado, y cuandó salí, sonreía.

Yo suelo pedir el servicio minimo por parte de un comerciante, que consiste en atender, ser amable y ofrecer lo que pido en condiciones. Esto en la pescadería Alofer es sólo el afinar instrumentos, lo basico. Estos no vienen a afinar instrumentos solamente, vienen a tocar, y bien.

No sé si mi percepción del momento venía favorecida por haber dormido 5 horas despues de una buena fiesta ayer dónde no falto bebida, y que ya tenía la compra hecha, y que el piso ya estaba limpio, y que hoy hace un día esplendido y que me he levantado escuchando al mejor directo de Aretha Franklin cantando gospel. Si es el caso, cada viernes limpiaré mi piso, haré las lavadoras y me iré de fiesta con buena gente, pensando en que el día siguiente, con la cabeza libre de preocupaciones, me levantaré escuchando a Aretha Franklin, y me iré al coliseo del pescado a pedir mis canciones.

Pescados Alofer
Calle de la esgrima, 6
28012 Madrid

A comer.

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