¿Poesía de la pobreza?

Ayer volví a casa andando 6km por Barcelona. Había pasado una noche genial y larga con 2 amigas muy queridas y después de despertar con ellas (amistad, nada más) y pasar un rato en la terraza soleada de la casa donde desperté, me fui a mi casa, feliz.

A medio camino, escuchando música suave, ya estaba envuelto en el romanticismo de Barcelona, a gusto recorriendo calles desconocidas y rincones de sobra conocidos. Es cuando me encontré a ese anciano tocando música para el gusto de quien quiera escuchar a cambio de una ayudita.

Él como todos los necesitados no me deben nada y no deben nada a nadie; pero a pesar de ello, ofrece música, a través de un sistema que ha fabricado él mismo con material recuperado que le permite generar electricidad en medio de la calle.

Lo primero que se me vino a la cabeza cuando lo vi fue sacarle una foto, porqué desprendaba un aire dramático romántico muy potente, que automáticamente quizé capturar. Pero por respeto a esa persona que no vino a posar, no lo hicé.

No me paré por piedad, tampoco me paré en un rincón donde él me veía, me quedé un poco atrás de él, y me quedé allí media hora escuchando a la música clásica que tocaba su robot musical.

Antes ya le había dado 1€, pero no dejé que me autoricé a sacarle foto.

Pero no dudé en sacar un video, haciendome sentir como el freak romántico de “american beauty”.

Y me pregunto: qué tiene de poético, esa escena de un hombre obviamente pobre, tocando música en la calle sentado al suelo? Existe tal cosa como la poesía de la pobreza? es ético dejar que tal escena nos emocioné? es ético quedarse de pie mirando a ese hombre que no tiene nada?

Me doy cuenta que sí. No puedo evitarlo. Me pasa cada vez que veo un anciano en la calle. Si este anciano esta en la calle, significa que no tiene recursos, ni familia, ni amigos para ayudarle, y no esta ya en una edad para rehacer su vida. Su vida es la que es, miseria. Me afecta el doble, sea bien visto o no.

Lo que no soporto es cuando uno se queda mirando y saca los tópicos de “que fuerte no?” o “ay pobre…” sin hacer nada más.

Y como yo no puedo hacer nada más, no me lamento y respondo a lo que ofrece.

En Madrid a la salida del Corte Ingles de puerta del sol esta una señora anciana, Teresita. No puedo hacer nada para ella, pero le ofrezco lo más básico: 1€ o2€, de vez en cuando agua (en verano sobre todo), a veces un bocadillo, pero sobre todo respondo a lo que ella ofrece: una gran sonrisa. Esto le doy, mi sonrisa, algunas palabras, una consideración. No un gesto frío hacia su vaso de plástico para tirarle una monedita sin mirarla. Quizás lo que busco es dar lo que puedo de ayuda económica, pero sobre todo que vea en mi cara que ella existe, que tiene un nombre, que es una persona.

Es fácil? no lo sé, sí, no me cuesta gran cosa, pero a nadie le cuesta, y aun así pocos lo hacen, prefiriendo pasar delante sin mirar y pretender que ni la pobreza ni Teresita existen.

Tengo cosas que puedo ofrecer, consideración y sonrisa. Yo no quiero nada a cambio, pero cada vez me llevo su sonrisa radiante y agradecida, y eso me calienta por dentro. Espero poder darle un poco de calor por dentro yo también; nunca sabré si lo consigo, pero lo doy, sin pensar realmente, solamente porqué ella es persona, parte de mi entorno más cercano.

El hombre músico que vi ayer por las calles de Barcelona también tiene un nombre, que no conozco, y me quedé para escuchar media hora de la música que ofrecía a quien quiera escucharla. Y lo mismo que con Teresita hice: una moneda y unas palabras para agradecerle la música. A cambio, su pulgar en el aire y una sonrisa, que no había visto en media hora.Y esa sonrisa, quiero pensar que salio porqué conseguí darle un poco de calor interior.

No me puedo evitar sentir un malestar y decirme a mi mismo “y que más? el hombre sigue igual, tu crees que le vas a salvar la vida?”. Me respondo que no, lo único que le doy es lo que me gustaría que me den si yo fuera en la calle, palabras y sonrisas, consideración, que me recuerden que existo. El gran desastre emocional de uno que esta en la calle es que siente que no vale nada, que ya no es persona.

No sé como describir correctamente todo esto. Si de verdad quería ayudar, montaría una asociación? Prepararía comida para distribuirla? Sin duda sería más eficiente. Esa compasión me ayuda a tener buena conciencia? no, porqué no tengo mala conciencia, no tengo la culpa de la miseria de otro. Me sabe amargo, pero no tengo la culpa, aun que no puedo sentirme cómodo viviendo rodeado de miseria, no puedo.

Qué debería hacer? no hacer nada hasta que me decida a dedicar mi tiempo entero a ayudar a esa gente?

No lo sé, pero seguiré dando lo más barato que tengo, compasión; pero sin que suponga mirar al otro como si fuera un miserable, solo sonriendo y ofreciendo unas palabras. Suena arrogante pretender que unas palabras mías puedan mejorar la vida de uno, y no lo puede, pero mientras siga recibiendo a cambio sonrisas, veré algún tipo de dialogo. Esto es lo que ofrezco. Esto es dinero, claro, lo que puedo.

No tengo claro como expresar esa cosa rara que siento, aqui lo expreso, en caliente, una primera piedra para ayudarme a reflexionar un poco más.

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