Musica y vida.

Cuando alrededor de Junio del 2013 mi amada amiga Paula me envio por skype algo como “escucha esto que te va a encantar”, abri el enlace sin saber muy bien a que esperar. Lo que descubrí me engancho enseguida. Una musica que nunca había oído antes, o mejor dicho, una mezcla de varias musicas que adoro, o aún mejor dicho de varios tipos de jazz, manouche, parisino, new yorkino, dulce, alegre. Sonaba un clarinete gritando notas dulces, acompañado por la voz ronca de un cello poetico, un piano sin limites estilísticos, una trompeta sabía, un contrabajo discreto y orgulloso, una batería desenfada, y salpicando de vez en cuando, unos instrumentos salidos del trastero del abuelo, cargados aún de magia y de sonidos muertos, llenos de vida y de emoción.

Me enamoré a primera escucha, del sonido, de las melodías, de la energía, de la emoción, y cuando vi en octubre “Mastretta presenta su nuevo disco ‘el Reino de VeriVeri”, no lo dudé un instante, sin saber que saldría del Café Berlin ese día con la sensación de haber vivido, sino el mejor concierto de mi vida, sin duda la conexión más fuerte con un grupo, su musica y sus musicos.

Estaba conquistado.

Cuando a finales de enero ocuparon el Café Central durante una semana entera, no esperé y me fui ya el martes.

Fui sólo, aunque justo antes sali de una conferencia con mi amiga Paula, que me recomendo sentarme en la barra mejor que en cualquier otro sitio del café. Y eso hice, llegando 1h antes y ocupando uno de los muy pocos sitios de la barra. Conocí mientras un señor ya mayor, amante del jazz, que proclamo “esto que hacen ellos, nadie en el mundo lo hace”, afirmación me calentó, porqué pensandolo unos segundos, llegué a la conclusion que efectivamente, nadie es comparable hoy con lo que hace Mastretta. Mientras, sonaban desde el fondo del bar las notas de calentamientos de cada uno de los músicos, y yo estaba hirviendo de ganas.

Un grupo, si quiere levantarme de mi silla y hacerme bailar, tiene la compleja obligación de no sólo ser muy bueno, pero tambien de transmitirme algo, de ser complice conmigo, de decirme “¿que te parece?”, y que yo lo validé. Y ese día cumplieron. Me llegaron, directo al alma las sonrisas de todos, me penetraron con una energía inexistente en la sala anteriormente, las caras de cada uno, aunque ese día, me enamoré de dos enamorados: Marina y Nacho.

Los ojos cerrados, el ronroneo del cello de Marina entra por las orejas y te va directo al alma. Al abrir los ojos y mirarla tocar, del alma sube a los ojos una ola de vida. Pocas veces he visto a un artista VIVIR así lo que esta tocando. No hablo de añadir al gesto unas caras, hablo de perder el control de la cara y que todo un cuerpo sea guiado por las notas de unos brazos animados por algo de “alla afuera”. Hablo de sinceridad.

Ese día, me enamoré, y al final del concierto, dije al señor mayor que conocí “esta semana nos volvemos a ver ¿verdad?”. Dijo que “sí, obviamente”. Y nos despedimos, alegres y casi amigos, considerando que dos amigos se hacen viviendo emociones fuertes juntos.

Llevado por la emoción, me acerque al escenario y pedi una foto con Nacho y Marina, y aceptaron sin dudarlo, y tres sonrisas se grabaron en mi cámara.
Al salir, y con el riesgo de ser un pesado, me acerqué a Luca y Marina, descansando fuera del bar y les dije “bravo, y gracias, os veo pronto”. Me sorprendió que en vez de tipica cara de musico pretencioso y agobiado, lo que obtuve fueron maravillosas sonrisas de agradecimiento.
Entendí que esa gente era especial, y me fui, bajo la lluvia, y feliz.

Pensaba que volvería antes, pero la realidad hizo que no pude volver hasta el sábado, esta vez acompañado de mis mejores amigos, con quien quise compartir lo vivido el martes. Y funciono, se llevaron la misma alegría, y conmigo bailaron. Bailamos, cantamos. Nosotros, y una chica sentada allí, que me cautivo por su energía. No tuve aún los cojones de preguntar su nombre. Es que Elena impresiona.

Antes del concierto, se acerco el trompetista, ingles, David Herrington, y me pregunto si podíamos dejar un huececito para su amiga, una tal Jimena. Habra visto que se acercaba a gente maja como nosotros, y acerto, y por supuesto le dejamos sitio.
Durante la semana, me presenté por Facebook a Marina, y fue muy alegre que me saludé al llegar ese día.

A la pausa, conversé brevemente con la madre de Marina, que había venido desde Argentina para ver a su hermosa niña, y como no, la madre era una persona encantadora, simple y autentica.
Desde el principio me costaba no ver a las personas detrás de ese grupo, y el sitio era muy adecuado para tener la suerte de estar en contacto humano con esa gente.

Cuando llegué el domingo para repetir una tercera vez, ya adicto al shoot de alegría inyectado por esa gente, estaba una chica sentada en “mi sitio” en la barra, y le pedi si podía sentarme en un rinconcito pequeño al lado, ya que iba sólo y no molestaría. Ella acepto, y empezamos a charlar, descubriendo a una chica muy simpatica, Patricia. y llego su novio, Jorge, y descubrí a otra persona muy simpatica. Y cuando llego el grupo, descubrí que eran amigos de Patricia y Jorge, y se saludaron, y Nacho, Marina, Luca y David me saludaron. Ese día fue algo más. Tenía la intuición de que siendo el ultimo concierto de 7, iba a ser especial, y lo fue, de la manera que esperaba, porqué se soltaron y vivieron ese show con una alegría muy extrema, y contagiosa. Se me descoloco la mandíbula de sonreír cuando para acabar su sólo de bateria, Jorge Santos se puso a cantar “mellow mood” de Bob Marley, gritando “I’ll play your favorite song, darling!”, acompañado por la voz de uno que ya era fan, desde la barra, yo.

Ese concierto fue fantastico.
Nacho me paso delante al final, y me dijo “tú, ven, que te voy a regalar el disco”. Me dio una alegría tremenda, y me puse a pedir a cada uno que me firmé ese disco, no como un groupie, sino como alguien que quizo tener un recuerdo de esos tres días de música y humanidad nunca vividos antes.

Ese día tambien me “enamoré” ya del todo de la energía de esa chica muy bella que destacaba en el publico por sus bailes y sus sonrisas, esa Elena tan grandiosa.

Al acabar el concierto, estaba charlando con varios, y después de varios tequilas compartidos con Marina, Jorge, Patricia, David y Elena, Marina dijo “ala que nos vamos a comer”, y lo mejor de todo ocurrió: me lancé y le dije “hum… puedo?”, y ella dijo “hombre claro, tu te vienes!”.

Muchas historias bonitas ya, y más por llegar. Por ejemplo descubriendo que esa tal Patricia era mejor amiga de una conocida mía, y que conocía a mi mejor amigo, conocido por ella como “el oklahoma”. O conociendo a la novia francesa de Lucas.

Pero esa noche, me partio el corazón de emoción una historia concreta. Delante del Cafe central, apareció un señor, de aspecto bien jodido, pero sonriente, y Marina le saludo, de manera cálida, y se pusieron a hablar.

Nos sentamos en un restaurante al lado para comer, yo delante de esa Elena, pero al final, preferi unirme a Marina para copas sin pasar por la casilla cena.

Y nos fuimos en taxi. Me hizo ilusión poder ayudar a Marina a encontrar su monedero que no encontraba.

En el bar donde todos nos juntamos para acabar la noche, aqui estaba él, el hombre jodido y sonriente. Y percibí una conversación entre él y Marina, él caliente y cabreado por problemas con su piso. Miré a Luca, y me explico que ese hombre tiene cáncer ya avanzado, que le queda poco tiempo de vida, y que entre todos del grupo le pagan su piso, o, como en ese mismo momento, le invitan a comer y beber. Fue el unico momento de la noche en el cual mi sonrisa se transformo en una cara muy seria. Pero fue porqué la emoción esta vez era de choc, de pena por esa persona, y de admiración conmovedora por toda esa gente. Noté mi ojos mojarse, por ese señor primero, pero tambien por estar compartiendo con ESA gente.
Ya estaba ligado emocionalmente para siempre con Mastretta, por multiples razones más alla del mero hecho de saber tocar un instrumento, Esa gente eran mucho más que músicos, y esa noche lo pillé, con varias olas de humanidad y emoción.

Volvi a casa ese día lleno de ilusión y agradecido por haber vivido una semana muy muy especial.

Desde esa noche, hasta que me fui para Londres, pasaron 4 meses, y no soy capaz de enumerar cuantas veces me fui a verlos.

Esa tal Jimena que conocí en el café central, muy amiga de David, acabo siendo mi mejor amiga de Mastrettismo. Acabé finalmente conociendo a Elena, una persona maravillosa llenísima de energía y de sinceridad, con quien levantamos el Berlin, con quien bailé, con quien sonreímos mucho. Ya invitado a todos los conciertos por Marina o David, acabé conociendo a todo el staff del Berlin, conociendo a una chica guapa como los angeles llamada Paula. Al final de los conciertos bajaba a saludar a los músicos y compartíamos risas y tequilas. Me sentí adoptado en esa nube de sinceridad, y yo hicé de ellos mis hermanos del alma.

No volví a cada uno de sus conciertos por el hecho de conocer a los músicos, eso no me bastaría. Volvi a cada uno de sus conciertos porqué nunca dejaron de llenarme de alegría, nunca dejaron de tocar notas que me levantaban sonrisas interminables. nunca dejaron de hacerme bailar y bailar.

Poco después, fui a ver “el Show de Dodo”, una franquicia Mastrettista compuesta por Marina, Luca, Nacho y Jorge. No sabia a que esperarme, ni había escuchado a un solo tema, pero fui con ganas y confianza.

Como dije antes, de las cosas que mas me emocionan es ver como Marina toca y vive su musica, su dulce locura y su arte inmenso.
Pues con el Show de Dodo, fue como abrir la puerta de “Marina”, como adentrarse en su mundo, de exuberancia, de musica que acaricia el alma y titilla la imaginación, que realza la nota con el gesto.
Sali con luces en los ojos y el corazón, y tuve que hacer sitio en mi corazón al lado de Mastretta, para el Show de dodo.

Y cuando vi a “Blue perro”, descubrí a un cambio radical de estilo, pero llevado con el mismo arte, Luca y Jorge soltados y una voz única al microfono. Y de paso una agradable mención de Coque integrando a “Nicolas” en su rap francés. Muy bonito y grande detallazo.

Me confirmaron que me iba a Londres para vivir, y una de las cosas que me dio pena perderme fue la cercanía de esos camellos de felicidad.

Al final del penultimo concierto de Mastretta, charlando con Marina, le comenté que seria maravilloso oír a Nacho tocar “petite Fleur” de Sydney Bechet. Y ella me dijo “te la haremos”…

A pesar de la confianza solida en la persona y la sinceridad de Marina, y tomando en cuenta que nunca les había escuchado interpretar a nadie, me costo creerme que para mi ultimo concierto de Mastretta antes de irme de Madrid, tocarían algo especialmente para mí.

Fue una semana entera, pensando cada día en eso.

Y llego el día, después de una semana de ansiedad por ese ultimo concierto que solo en si mismo, para mí, sería especial.

Llegué, y primera gran sorpresa, alli estaba Diego Galaz a la entrada, charlando con David. Hacia tiempo que no tocaba Diego, pero tambien Pablo, ocupados con sus proyectos personales, y ver que estaban todos esta noche ya me lleno.

Como siempre saludé al angel Paula a la entrada, y esta vez sin dudar me fui directo al backstage a saludarles y mandarles sonrisas. 30 segundos después estaba arriba, y nueva sorpresa: un Berlin lleno de gente. Alli estaban tambien la bellisima Shany, el grande Roco. Pedi mi tradicional vodka, y me fui a mi tradicional sitio, acompañado por el amigo Joaquin. Mucha gente en el sitio ya, pero les expliqué amablemente que yo iba a estar con ellos. A los 5 minutos de empezar el concierto, ya entendieron el porqué, al verme bailar desde las primeras notas, con esa tradicional llegada de los músicos desde el fondo de la sala, desde donde esta la gente. Porqué Mastretta es así, no son estrellas, son gente que vienen a compartir con gente. A un concierto venimos todos, músicos y gente; y los músicos se levantan y tocan.

Gran primera parte, bailes diversos, como siempre, pero con mucha gente y algo particular en el aire por mi. Y de paso la vuelta del Diego con su violin, su Phonofiddle (destripandome el corazón cuando tocan con Marina ese duo de PhonoFiddle. Pueden claramente conmigo, no puedo luchar), su manera de silbar que envidio, y Pablo, sus toques sesentero de guitarra, su sutil acompañamiento, y su momento “a tomar por culo voy a bailar”.

Y llego la segunda fase.
Llego ese momento, Luca y Coque en el escenario, y Nacho. Me reenvio con unas palabras y unas notas todo el cariño que les había dado; unas palabras como “y ahora, vamos a hacer un tema especial para nuestro amigo Nicolas, que se nos va a Londres y que echaremos de menos”, y segundos después, en solo, en medio de un Berlin silencioso, que se me hizo invisible, tocando 16 “mesures” de Petite Fleur de Sydney Bechet. Marina cumplio con su promesa, Nacho se apunto, y todos colocaron una pausa para que el Maestro Nacho Mastretta me dediqué ese tema magico.

No puedo describir como me senti, pero escribo esto, porqué con recordarlo, yo sí sé lo que senti, y me vuelve. Y no quiero perder nunca la memoria de ese momento tan especial.

Y como si no fuera suficiente, despues de las 16 “mesures”, empalmo con mi tema favorito, para mi una gran obra del Jazz, una melodía tremenda, “Blue Perro”.

Si había estado en ese momento focalizado en la presencia de gente alrededor, seguramente no habría gritado “toma!!” cuando empezó el tema; pero así estaba, inmerso, y flotando, y me salió sin controlar, un pelin bruto, pero tan sincero, el ruido de una sensación que me lleno tanto que tuve que explotar.

Luego llego el tradicional momento cuando Nacho invita a la gente a unirse a una pareja y echarse un baile como en esos tiempos no tan lejanos, cuando con una música muy suave unos se pegaban cuerpo a cuerpo el tiempo de una melodía. Otro momento que no me pierdo nunca, porqué hay que reconocerlo, es muy agradable. Y siempre esta el David por allí con Jimena, y los días de suerte, mientras baila, toca tambien con su trompeta, y siempre hace una bromita, ayudando a crear ese momento tan bonito del concierto.

Ese día, sólo faltaba una persona, una importante para mi en el “mundo Mastretta”: Elena Lombao. Lo único que me falto esa noche fue compartir con ella esa alegría que la levanta y la hace bailar sin parar, y con quien me junto con tanto gusto.
Pero hablamos antes, y le dije “tendré que encargarme yo esta vez de hacer bailar al Berlin.”

Asi que cuando lanzaron las primeras notas del tema “El Show de Dodo”, sabiendo yo que ese se acaba cantando a pleno pulmón esa maravillosa melodía, al instante, me giré, de pie, sólo frente a un Berlin lleno y sentado, y cogí la mano del primero a mi izquierda, invitandole a levantarse y bailar; y se levanto; y el segundo, y el tercero, y el cuarto…. no hizo falta más. Al instante, todo el mundo se levanto, y bailaron con una sonrisa enorme en la cara, y cantaron. Y yo en medio, me faltaba elasticidad labial para sonreír todo lo que necesitaba. Fue un momento tremendo, y me senti muy orgulloso de levantar a tanta gente que no forcé para nada, levantar a tanta gente que se moría de ganas de bailar pero no se atrevía. Y de eso trata Nacho Mastrettta a menudo, de la necesidad de volver al teatro a escuchar musica en vivo y bailar sobre musica real, y dejar morir a esa vergüenza rara que uno se crea a la hora de divertirse y pasarlo bien. Cantamos todos, y la parte final del tema fue ya una fiesta, una fiesta Mastretta como las visualizo, cuando todos durante una noche somos amigos felices.

Se acabo el concierto, y se fueron.

Yo me fui a la barra, llamé a Paula, y le pedi que me ponga 8 chupitos de tequila, uno para cada uno de ellos y uno para mi, y bajé, y trago en mano, le dí las gracias por meses de alegría que me dieron, y que les echaré mucho de menos, y todos brindamos. Me quede un rato con ellos, y después de varias bebidas compartidas, de un abrazo caluroso de despedia para cada uno, y con la promesa que buscaría como traerlos a Londres para tocar, les dejé.

Hoy, llevo 3 semanas fuera de Madrid, y pocos días pasan sin que escuché a Mastretta, o Dodo, o Blue Perro, y siempre, siempre, vienen las notas a mis orejas acompañadas de las caras de esos personajes fantásticos, de su gente, de su arte, y siempre, sonrío. Y canto. Y bailo.

Vivo.

Por la mañana del 19 de mayo, mi ultimo día en Madrid, volviendo a casa a las 8h de la mañana, pocas horas antes de mi vuelo, andando por lavapies, me cruce con el amigo jodido del grupo. Y sonreí. A pesar de su mal estado, me alegre encontrarmelo. Fueron 5 segundos. Pero me alegro encontrarlo. Jodido, pero vivo, él tambien.

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