Los mineros

(escrito hace una semana)

Ayer fui a recibir a los mineros de Asturias y Leon en su entrada en Madrid, despues de que hayan empezado el camino andando hacia la capital.

Fui por varias razones, empezando por la más evidente: solidaridad. Solidaridad con gente que representan más que nadie (más que el gobierno, más que la selección de futbol) al pueblo español hoy, por ser trabajadores engañados y tirados a la basura con una facilidad que sólo una falta de respeto por la historia de la clase obrera española y sus logros puede explicar.

Ya sabía que iba a ir, porqué desde que empezaron los acontecimientos del 15M, tiendo lamentablemente a pensar que la respuesta a la violencia del gobierno en todos sus aspectos pasa por actos violentos. No por el placer de romper, sino por pasar de llamar la atención pidiendo cita, a hacerlo tumbando la puerta de los dirigentes de un golpe de pie, digno de las mejores peores pelis americanas. Cuando un gobierno deja de representar al pueblo que le ha votado y se rie a su cara de esa manera —irse de final de copa de europa con la sonrisa en vez de estar con algunos de sus votantes de valencia que pasan la noche en un gimnasio porque se quedaron reseteados materialmente por los incendios—cuando un gobierno engaña de esa manera tan insultante y despreciable a su gente, no se puede esperar a recibir aplausos y abrazos, sino mas bien lo contrario: bofetadas y ira.

Deberian considerarse afortunados por lo pacifico que ha sido el 15M y lo facil que ha sido para ellos resolverlo, sencillamente haciendo nada, porque con suerte, lo que viene ahora tiene otro tipo de sangre y les estara quitando por lo menos esa sonrisa arrogante que visten los Rajoy’anos.

Noto tambien esa tendencia de sectores del pueblo español a no sólo no apoyar esos movimientos de liberacion de esa democracia agonizante (lo cual es un derecho que se tiene que respetar) sino a tambien tratar de minimizar o ridiculizarlos, apoyados por los más importantes medios que no sólo cubren los acontecimientos con la profesionalidad y las buenas intenciones de un camarero italiano de Erasmus en un restaurante de las ramblas de Barcelona, sino que mienten. Es agresivo lo que estamos viviendo, y otra vez, para responder a esa violencia, efectivamente, la violencia pasa a ser una opcion.

Investigando ayer sobre el papel de los mineros en la historia de España, he descubierto que en 1962 lanzaron una huelga que permitio a todo el pueblo obtener derrchos laborales de los cuales hoy aún gozamos, pero que se nos estan recortando. Descubri que al ‘acabar’ el franquismo, se solidarizaron y trabajaron 1h más cada día para permitir al país levantar la cabeza. Descubri a una clase de trabajadores solidaria hasta con los mineros de otros países, nordicos por ejemplo en los ochenta, apoyandoles en momentos dificiles. Que no reciban hoy nuestro apoyo incondicional es una muestra de egoismo y de falta de memoría apenas perdonable.

Despues de mi corta investigacion personal, las razones para acudir a la cita se hacian aun más evidentes.

Me arriesgaba a contracturas de espalda que me dejarian bloqueado 1 semana, 1 semana antes justamente de irme de vacaciones a Suiza, a pesar de que mi osteopata me haya especificamente contraindicado acudir a esos eventos despues de la doble contractura que me paso la ultima vez. Aparte iba cansado de poco dormir la noche anterior. Pero hablamos de lo que considero un deber. No podía no dar la bienvenida a esos heroes; me refiero a ese superlativo porque es el que aplica ultimamente a la seleccion de futbol por haber ganado un trofeo, lo cual levanta masas extrañamente considerable tomando en cuenta lo que aporta al pueblo.

Lo que vi era lo esperado y más. Salieron de Ciudad Universitario, pero dada la hora a la cual me fui de casa, decidi pillarles en camino, en Moncloa. Pensaba que quizas me encontraría que ya habian pasado y que me encontraría en medio de la plaza preguntando a gente si habian visto pasar unos mineros tristes y cansados. Afortunadamente, no tenia idea de lo que me estaba esperando.

Lo que vi al llegar fue una marea humana, humana como ‘humanos’ y como ‘humanidad’. Miles de personas congregadas un martes a las 23h00. Banderas republicanas, abuelos, jovenes, pijos y rockeros, mujeres y hombres; el unico denominador comun esa noche era ser un español indignado y solidario. Que gozé ver que eran muchos bajo dicho denominador.

Despues de una hora, llegaron. Lo vivido es dificil de describir, tendria que ser un autentico poeta para describir la emocion a la llegada de los mineros. Cuando pasea la seleccion español, hay esa jerarquía entre unos, muy buenos futbolistas, y otros, simplemente gente. Pasean los futbolistas con alguna idea de “por supuesto nos venis aplaudir”.

Los mineros no aparecieron encima de un bus de dos pisos. La unica copa que llevaban en mano era, levantada por una de las 4 mujeres de la marcha, una rosa, levantada hacia el cielo. La relacion entre heroes y publico era de igual a igual: los dos bandos se agradecieron el desplazaminento, los dos bandos se daban las gracias, se sonría, los ojos humedos de cada bando se mezclaban y se cruzaban, en cada unos ese dolor por el engaño del cual todos somos victimas hoy en este país. Vi a hombres y mujeres emocionados, vi a abuelas de una edad muy avanzada de pie, dignas con un cartel de papel en la mano que simplemente ponía “gracias”, sin punto de exclamacion ni colores bonitos; sólo la palabra ‘gracias’, llevada cerca del corazon iluminando el tramo final de la maraton de los mineros.

La sensación general que percibi en la gente es de un pueblo que por fin a encontrado la voz, las manos y los huevos que se les ha cortado un gobierno despectante y injustamente insultante hacia su gente, una respuesta digna, un movimiento que congrega por su simplicidad y su autenticidad.

Estuvé andando codo a codo con el cortegio durante una hora, aguantando la cuerda que les arropaban y les delimitia el espacio vital. Durante una hora estuvé andando metido entre los dos bandos, los heroes del pueblo y los heroes de la mina, todos con alas cortadas, pero tan fuertes juntos. Por mi izquierda llegaban las voces de los mineros: “gracias”, (referiendose a la abuela del cartel de ‘gracias’) “ves? Ves, esto si te llega fuerte”, “gracias”, “gracias, “gracias”; llegaban los ojos de los mineros, cansados, pero abiertos en grande y humedos, agradecidos. Por mi derecha, las mismas palabras de agradecimientos, las mismas miradas emocionadas, del pueblo. Sí, me permiti vivir esto desde el medio. Tal un pastillero pegado a los altavoces en una rave, me meti entre los dos altavoces y percibi en estereo la emocion a flor de piel de todos. Sonaba dulce como Ella Fitzgerald, sonaba denso como Rage Against the Machine.

Despues de 1h30 de pie y notando que mi espalda me dejaba, cogi el metro y me fue a puerta del sol, destino final de los mineros, para esperarles alli. 1h tuvé que esperar. Sentado en la fuente, hablé con un señor sobre el movimiento, explicando yo, guiri, a un español mayor porqué estamos dónde estamos.

Mucha espera pero finalmente, llegaron. Eran las 2 de la mañana casi, pero no importo. Otra vez vivi desde dentro un momento especial, y resulta que donde me habia parado, otra vez estaba aguantando la cuerda que les dejaba espacio. Esa cuerda a los pocos minutos cayo, y todos eramos uno solo. Dieron voz y encontraron oídos.

Lo mío se acabo cerca de las 3, despues de compartir una ultima vez el himno de los mineros con todos, en un momento de silencio y union. De alli a casa.

Que siga asi, por favor.

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