De un signo de cruz se disculparan

Que escena he vivido hoy, protagonizada por los dos mejores actores dramaticos de la vida: la enfermedad y la estupidez.

Estaba sentado en el metro, camino a casa, despues de una relajante sesion de osteopatía. Delante de mi, cuatro asientos ocupados. Dos por dos mujeres suramericanos de edad media repasando en silencio la prensa rosa; en la otra punta, una mujer, de unos 70 años, gafas de sol channel en el pelo y cara de frustracion por tener que manejar el conflicto interno entre su imagen de mujer de alta sociedad y compartir wagon con ‘la gente’. Entre ella y las dos cotillas, un joven que a la primera parada se levanto para dejar su sitio a un hombre de unos 60 anos que acababa de entrar.

Enseguida ví por su paso fragil que este hombre que acababa de entrar no estaba bien. Barba irregular gris y pelo peinado con dos dedos, una mirada vacía y perdida, casi como en estado de schock. Apenas se sienta que el metro arranca. Apenas hemos entrado en la oscuridad del tunnel, se levanta, fragil, y se empieza a retocar el cinturon, que parecía estar causandole las peores molestías; estaba curvado y formaba un cuchilla de cuero que le estaba apuñalando a la altura de la cadera. Se movía muy lentamente, sus dedos temblaban y parecían totalmente debiles, y no conseguía recolocar correctamente su cinturon, no lo conseguía, aún menos con tener que manejar al mismo tiempo el equilibrio en un metro en moviminento sin estar agarrado a nada. Miraba ya pensando en levantarme para recolocarle yo. El tren tambaleaba y a él le costaba un mundo mantenerse de pie. Abandono su batalla y se volvío a sentar, o más bien dejarse caer en su silla, resignado a dejarse apuñalar por su propio cinturon. La mujer channel ya llevaba todo ese tiempo en la misma pagina de su revista de fotos de famosos. Su cara de mala leche apuntaba al fascinante contenido de la revista, pero su ojos miraban de mala manera al hombre, como si ese se iba a poner a mear en sus pies en cualquier momento. El hombre se volvio a levantar y esta vez decidio desatar su cinturon un poco para aliviar la presion. El tren empezo a frenar al llegar a la estacion y el hombre llego a caerse sobre la mujeres latinas, arrancandole las gafas a una. Yo salté para aguantarle, lo recuperé, él me dio las gracias con una mirada de “gracias, ya sufro bastante como para encima caerme”, las mujeres latinas no dijeron nada pero perdonaron.

Su estado era de un borracho en estado de schock, pero basto con oírle hablar para confirmar que no era más que un hombre, ni borracho ni nada, sólo con problemas motores.

Para la channeliana, esto era demasiado real y vi como a la parada siguiente se levanto y salio del tren corriendo para entrar en el wagon de al lado, por si acaso (?)…

En su sitio se sento otra mujer con similares caracteristicas. Entre la estacion actual y la siguiente, el hombre expresaba su incomodidad de una manera contenida, pero que desvelaba que algo no iba. Cogio un periodico gratuito sobre el cual estaba sentado y se puso a mirar la portada fijamente. Le costaba pasar pagina. A la parada siguiente, la chica que tenía yo al lado se fue. Es cuando la mujer al lado del hombre se levanto y se sento en esa silla vacía a mi lado! Como si el hombre iba a ponerse a vomitarle acido sulfurico encima en cualquier momento… No aguanté más de 10segundos con esa cosa al lado y me levanté aunque que me quedaba camino por delante, mirandola, deseando que mi mirada le haga sentir la mitad de mal que lo que habra sentido el pobre hombre. Me quedaban unas 5 paradas, y las pasé de pie delante del hueco que habia dejado vacío y que nadie de toda la gente que estaba de pie quizo coger. Delante de mi tenía ya al hombre. A 1 parada de mi destino, Tirso de Molina, el hombre se inclino hacia las mujeres latinas preguntando “Tirso ya ha pasado?”. Ni le miraban. Yo le conteste enseguida y le dije que no, que queda una más. Le ayude a levantarse y le acompañé fuera hacia el anden. Le pregunté qué salida buscaba, ya la conocía y me despedi de él, deseandole buena noche, a lo cual me dijo otra vez gracias y me sonrio con un sonrisa amable y generosa.

No entiendo la reaccion de esas dos mujeres que huyeron de ese hombre, no entiendo las medidas de prevencion insultantes y tan poco humanas que tomaron, alejandose de un hombre que lo estaba pasandolo sencillamente mal. Porqué herir a un hombre que sufre y que no esta haciendo daño a nadie?! Se habran disculpado a casa con un signo de cruz…

Sé que se dice que no existen los actos altruistas y que lo que hacemos siempre para otro lleva una parte de satisfaccion personal. Pues vale, sí, me senti muy bien despues de ayudar de una manera discreta a ese hombre, por hacer lo correcto. Y no dejé ver piedad, solo apoyo; alguno tenía que haber que sepa sonreírle y ser amable, pues ese dejé que fuese yo. Al final me entristé más la reaccion de esas mujeres y el estado de ese hombre que me hace feliz haberle ayudado, pero un minimo de apoyo he dado y me fue la conciencia tranquila.

En fin… Ha pasado… Y en ese blog lo leeré algun otro día. No sé de que sensacion me acordaré.

Viva la osteopatía en todo caso.

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